18 de octubre de 2017

Madeleines de naranja


Bueno, ahora que ya estamos metidos de pleno en el mes de octubre... ya podemos respirar tranquilos!!

Y es que sé que muchos de vosotros habéis pasado por una de las experiencias más traumáticas que se pueden vivir durante el año...

¿La Declaración de la renta?

¡No!

¿La cuesta de enero?

¡Tampoco!

¡LA VUELTA AL COLE!!!


Y es que mira que El Corte Inglés lo va avisando ya desde principios de agosto (con bastante mala leche, por cierto).
Que uno está tan a gusto en la playa, tirado en la tumbona y abres cualquier revista y te encuentras con el  dichoso anuncio, con los niños uniformados y tirando de mochilas bien repletas de libros, pero de los caros ¿eh?

¡Coño, que es que te amargan las vacaciones!!

Pero por más que ellos te vayan avisando, la realidad es que nada puede prepararte para ese momento.

Si estás en el lado de los padres es un momento duro: gastos, hacer colas para comprar los libros, más gastos, forrar montañas de libros, más gastos todavía, listas de material escolar interminable...

Pero para los niños... ¡Ay los niños!

Ahí sí que hablamos, sin duda, del peor momento del año con mucha diferencia.


Y es que después de casi tres meses en estado semi-salvaje, es muy duro tener que entrar de nuevo en vereda y volver a la rutina de madrugones, deberes, exámenes y actividades extraescolares.

Al menos algunos sobrellevan mejor el disgusto de la incorporación a las clases al ver su nuevo material escolar.
Para mí, sin duda, en el top ten del material escolar estaba el estuche, sí, ese de tres pisos, con un dibujo molón y todo lo que necesitabas para el nuevo curso...y lo que no!!

Porque vamos, los había que eran más completos que la mochila de Calleja en una expedición al Himalaya!!

En ese estuche podías encontrar desde rotus y pinturas de cuatro clases (de madera, ceras duras, blandas y acuarelas) hasta cosas tan imprescindibles como una lupa de plástico, que nunca se usaba para nada bueno...

Otro objeto muy útil de estos estuches era el transportador de ángulos.

....

Pues eso.


En segunda posición de mi lista de indispensables estaba el maravilloso boli de 8 colores, con tinta que olía a chicle y con un diámetro semejante al de un bate de béisbol, y del cual sólo acababas usando el color rojo y azúl, verde como mucho.
Y eso por no decir que siempre acababa dando vueltas por la mochila, porque en el estuche de tres pisos no te cabía ni sacando la lupa!!

¡Cuántas contracturas provocaron los dichosos bolis y estuches!

No me extraña que ahora vayan todos con mochila de ruedas, que serán muy prácticas pero a las 9 de la mañana, y con todos los niños en procesión hacia el colegio, meten un ruido que ríete tú de la tamborrada de Calanda!


En fín, el caso es que de aquí a junio, los estudiantes tienen que hacer un esfuerzo extra, ya sea estudiando o tirando del carrito, ejem, y como la mejor manera de coger fuerzas es con un buen desayuno, ¿qué os parece si preparamos estas deliciosas madeleines para los peques de la casa (y para los no tan peques...)?

Para mí son un dulce delicioso, con un exterior crujiente y un interior jugoso, y con un toque a naranja que las hace absolutamente irresistibles.




Preparación:

Precalentamos el horno a 190º.
Comenzamos tamizando la harina junto con la levadura y la mezclamos con la ralladura de naranja. Reservamos.
A continuación ponemos en un bol los huevos junto con el azúcar y batimos con las varillas eléctricas (o robot amasador) a máxima potencia hasta que la mezcla doble volumen y adquiera un tono pálido.
En ese momento seleccionamos una velocidad lenta en las varillas eléctricas y añadimos la mantequilla fundida, reservando una cucharada aproximadamente para engrasar los moldes, y batimos un par de minutos más.
A continuación, y ya sin varillas eléctricas, incorporamos la mezcla de harina que teníamos reservada, añadiéndola a la mezcla anterior ayudándonos de una espátula de silicona y mezclando lo justo para que esté integrada.
Engrasamos los moldes con mantequilla y ayudándonos de una cuchara llenamos los moldes de las madeleines 2/3 de su capacidad.
Horneamos durante unos 8 o 10 minutos.
Sacamos del horno y dejamos enfriar las madeleines sobre una rejilla. 
Una vez que estén templadas las desmoldamos y cuando se enfríen  podemos espolvorearlas con azúcar glas.

Notas:
  • En esta ocasión hemos aromatizado la masa con ralladura de naranja, pero podéis utilizar ralladura de limón si lo preferís.

21 de septiembre de 2017

Tarta de nectarinas y requesón

Souvenir.

Hay gente a la que, con solo oir la palabra, le entran los mil males.

Para otros, ningún viaje está completo si no hay un testimonio, en forma de figurita, que lo corrobore.

Ahora bien ¿dónde están los límites del souvenir?

Quiero decir, que, si tú viajas a Segovia y te traes una reproducción del acueducto, claramente es un souvenir.

28 de agosto de 2017

Salmorejo de remolacha con manzana y anchoas.

Ya os he contado alguna vez que el baile no es lo mío...

Pues ahora también debo confesaros que lo del cante jondo tampoco se me da especialmente bien.

Y mira que lo siento ¿eh?
Porque yo siempre me he imaginado subida a un tablao flamenco, con un coro de palmeros y dándolo todo cantando o con un zapateao´...

25 de julio de 2017

{ MENÚ PICNIC III } Tartar de pera y lima, Brocheta de uvas y queso, Tostas de melocotón y queso y de hummus de aguacate, Té frío al limón....

Si hay algo que me gusta  en este mundo, son las vacaciones en el mes de Agosto...

Especialmente cuando, como este año, mis vacaciones han sido en el mes de julio!!!

¡¡¡Es que la vuelta al trabajo es muy dura!!!

Y es que me he pasado días enteros sin más preocupación que decidir entre playa o piscina, o si comer en el chiringuito de la playa o mejor ir al paseo marítimo, o la más difícil de todas...de primero ¿paella o gazpacho?

15 de julio de 2017

Polos de frambuesa y ron


Hoy me vais a permitir que aproveche esta humilde página para pedir el justo reconocimiento que merece un colectivo que muy pocas veces es tenido en cuenta.

Realizan una gran labor social, acompañada en muchas ocasiones de cierto sufrimiento y, a pesar de ello son los grandes olvidados.

Me refiero, como habréis podido sospechar, a la familia de los blogueros gastronómicos.

Si alguno de vosotros pertenece a este colectivo, estará sin duda de acuerdo conmigo.

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